Lost in translation again, Escocia septiembre 2004

Lost in translation again.

 

El viernes 17 de septiembre de 2004 (para que conste) a las 12 de la mañana salí con destino a las tierras del norte de Inglaterra y Escocia, aprovecho el fin de semana previo a un congreso para viajar un poco, tiene alguna ventaja trabajar en la Universidad. Después de una interminable escala en Heathrow, que por otro lado es muy divertido, con una fauna difícil de ver en ningún safari, llego a Newcastle a las 10 de la noche. Allí me recogerá mi hermano, que vive desde hace 5 meses en Edimburgo, con un coche alquilado para irnos directamente a las tierras altas de Escocia, las Highlands, y a las islas que las rodean (Hébridas, Orcadas, Shetland).

 

Elegimos la carretera por Glasgow, y después de perdernos varias veces, sufrir un temporal y que nos hicieran una foto en un control de velocidad, llegamos a Fort William a las 6am. El pueblo está en el extremo suroeste del Great Glen, el valle que configura la falla geológica más grande de Europa, y que incluye los lagos (o Loch) Linnie, Lochy (Loch Lochy debe ser algo así como el lago lagoso), Oich y Ness, y que comunica con el mar por los dos extremos.

 

Nos quedamos en un albergue (Self Catering) y al día siguiente nada más levantarme veo los cambios de tiempo, desde que abro al ventana hasta que bajo con la cámara de fotos el día ha cambiado de sol radiante a niebla espesa. Salimos siguiendo la hilera de lagos en dirección a Inverness, la salida del Great Glen por el noreste al Mar del Norte. Justo al lado de Fort William está el Ben Nevis, una meca de la escalada mundial, no por su altura (1343m) sino por sus fantásticos corredores de nieve y hielo en la cara norte, pero solo lo vemos desde Nevis Range, el refugio de la base, parece ser que está cubierto de niebla 364 días al año. Seguimos camino bordeando los lagos y los canales que los comunican pasando por Fort August, y llegamos a Inverness. Allí visitamos el centro de la ciudad, el castillo que ahora es oficina del alcalde (aquí son sheriff y no mayor), un puente colgante y un bar de tapas que se llama ‘la tortilla asesina’. El lago Ness es increíble de grande, hay unos castillos en ruinas preciosos, pero no es el más bonito.

 

De vuelta por el mismo camino nos desviamos hacia la isla de Skye, en la Hébridas del norte, un paisaje increíble de acantilados, rutas para patear y lo que queráis (escalada, submarinismo, surf, kayak, de todo). Se cruza por un puente precioso (si no fuera por los 16€ ida y vuelta) y a partir de ahí, si a los escoceses se les entiende poco, a estos na de na. Hablan una mezcla de inglés muy deformado y gaélico, y acabamos hablando por señas en la gasolinera. Pero el paisaje de pueblos de pescadores, canales entre las islas y pequeños fiordos es increíble.

 

De vuelta a Edimburgh (léase Edimbrag, no Edimbarg) vemos el Loch Lomond y las tierras de Trosach, mucho más boscoso y cerrado que el resto de las Highlands más al norte. Las carreteras son más o menos como las comarcales de aquí, pero está mucho más respetado el entorno, no se ven grandes cortes en las montañas ni apenas alteración del paisaje.

 

En Edimburgo salimos a tomar unas pintas (nada de cañas ni mariconadas, 586ml) a un bar en un edificio de hace varios siglos, el Espionage, que tiene desde que entras 5 plantas para abajo. Las chicas aquí estoy seguro que toman la mitad de la mantequilla de Europa, pero no les importa lucirla y van apretadas igualmente, y con tan pocos centímetros cuadradote tela que no se como sé cómo no se congelan por la calle. Ellos en cambio son faltones y están todo el tiempo buscando bronca y bebiendo hasta caer de culo. Eso el lo que luego exportan, aunque supongo que habrá de todo, como en todas partes.

 

Al día siguiente pateamos Edimburgo empezando por Arthur’s Seat y Salisbury Crags. En mitad y mitad de la ciudad hay un parque, Holyrood Park, con tres volcanes extintos, el más alto de 250m, que ahora son montañas completamente verdes con únicamente caminos hecho por la gente al pasear. Desde arriba se tiene una perspectiva inigualable de la ciudad. El castillo de Edimburgo y las ruinas de Calton Hill también están en sendos volcanes.

 

Debajo de Holyrood Park está el palacio de la Reina, y desde ahí hasta el castillo se extiende la Royal Mile, tres calles consecutivas alineadas, que supongo cubren más o menos una milla. Son todos edificios antiguos (menos uno que da la nota) y es la parte más turística, con todas las tiendas, aunque sigue siendo muy bonito todo. La calle tiene caída hacia los dos lados de modo que a veces se entra por un portal y se sale por otro cinco plantas más abajo (como el Espionage). Al lado de la Royal Mile está el barrio con la arquitectura georgiana mejor conservada del mundo, el monumento a Sir Walter Scott, el Old North Bridge, el Parlamento, y tantas cosas que ver que en un día es imposible. El nuevo parlamento lo ha diseñado Enric Miralles y su diseño, bastante controvertido está al lado de Holyrood Park, aunque poco le pueden reclamar ya, nurió con 44 años.

 

La última visita del día es deformación profesional, lo reconozco, al norte de Edimburgo está la bahía de Firth of Forth, y en ella hay dos puentes fantásticos. El de la carretera, moderno, es colgante e impresiona porque es uno de los más grandes construidos de ese tipo. Pero el del tren es aún más impresionante porque es de acero, y es la primera gran estructura de este material, de 1890, y aún hoy es de los más grandes construidos. Parece que durante la construcción de la obra maestra de la ingeniería victoriana murieron más de 50 obreros en los tres años que duró la obra.

 

Seguimos hacia el sur a Newcastle, mi destino final, y al llegar no nos perdemos tanto, y descubrimos la maravilla del centro de la ciudad, siete puentes cruzando el Tyne River desde Newcastle a Gateshead, en menos de un kilómetro. Los más antiguos de la época victoriana, el más moderno tiene un par de años, es colgante con dos arcos (el soporte y el tablero) que basculan para dejar pasar a los barcos. Hemos dejado la cámara en el hotel, así que habrá que esperar para las fotos nocturnas, realmente impresionan iluminados por la noche.

 

Al día siguiente toca congreso, y un pequeño cóctel de bienvenida en un museo científico para niños. Bastante curioso ver a científicos de todo el mundo y de todas las edades haciendo el bobo con unas copas de vino, pero eso hace que se rompa el hielo, que es lo que se pretende. Yo me subo en la máquina de escalar, la cabra tira al monte.

 

Me retiro pronto porque al día siguiente me toca dar mi primera conferencia en inglés, que me sale sorprendentemente bien, aunque me cuesta entender la segunda pregunta, pero claro, es un galés quien la hace. Un estudiante americano que lleva aquí años dice que cuando vienen sus padres tiene que hacer de traductor, en Newcastle hablan también un inglés muy raro. Por la noche nos llevan a un crucero hasta la boca del río pasando por debajo del Gateshead Millenium Bridge, el puente basculante. Pinta va y pinta viene acabo con el organizador del congreso, un escocés de origen irlandés, con una tostada histórica. Ha estado en Bolivia un año, habla correctamente castellano (y lo canta cuando se emborracha), y viaja a Galicia siempre que puede a ver la cultura celta. Acabo enseñándole el tatuaje celta que tengo en la espalda.

 

Al día siguiente toca patear ciudad y museos. La zona centro en pequeña, se puede ver en un par de días, pero muy bonita, arquitectura victoriana y moderna fundidas, iglesias para todos los gustos (metodistas, católicos, protestantes, musulmanes, luteranos, yo que se… ¿quién tiene razón?). Veo los puentes de día y voy al Baltic, un museo de arte moderno en una fábrica de harina restaurada, que aparte de unas exposiciones increíbles tiene una terraza en la última planta que domina toda la ciudad, con una vista impresionante.

 

Cena de gala con una comida malísima, como siempre, unas pintas, la última noche en un hotel pequeño con mucho encanto en la zona residencial de Jesmond, carretera y manta. O más bien, tres aviones y reclamación de maletas perdidas, a descansar y a comer bien.

 

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