Lost in Translation, Iran 2004

Lost in translation

 

Primera parte. Teherán

 

Esta es la crónica de un viaje anunciado al eje del mal. Me he recuperado ya del jet-lag, pero no del travel-lag. De eso no se recupera uno nunca ¿verdad?

 

El sábado 24 de abril salí de Barajas con destino a Teherán vía Ámsterdam. El viaje no es muy pesado, y en el primer avión, aprovechando un día excepcionalmente despejado tengo una lección práctica de geografía. Veo un valle glaciar en Navarra, los Pirineos, los Alpes, San Sebastián, el estanque de Arcachón, la desembocadura del Loira, Burdeos, París, Bruselas y Ámsterdam. El vuelo desde ahí no es largo, 5 horas. Esa es quizás una de las primeras sorpresas, Irán no está tan lejos. De hecho en breve tendrá frontera con la Comunidad Europea. La sorpresa será la tónica del viaje.

 

Mehrabad por la noche tiene el aspecto de los aeropuertos de detrás del Telón de Acero que salen en las películas. Cuando existía, claro. Es un poco siniestro. Antes de desembarcar nos advierten que está prohibido hacer fotos en él. Después del control de pasaporte y visado, hay una persona esperándome, Sharan Korasanisadeh, que será nuestro anfitrión el resto de la estancia. Con él me salto el resto de controles. Al llegar al Hotel Esteghlal (probablemente el mejor de Teherán), las chicas de la organización del congreso me ofrecen la posibilidad de una visita guiada el domingo. Pero antes tengo mi primer encontronazo con el tráfico de la ciudad, completamente demencial, incluso por las numerosas autopistas interiores. Van como locos.

 

Al día siguiente me apunto a la visita guiada, a mi me gusta más viajar al estilo Lonely Planet, pero reconozco que nada más llegar preferí algo más suave para introducirme en el país. Nos llevan a ver los palacios de invierno y verano del último Sha, Reza Pahlevi. Son una buena muestra de lo que fue su carácter, supongo. Los edificios por fuera son bastante normales, y por dentro la decoración es a base de muebles Luis XV y de otras épocas similares, todos europeos. Sus políticas pro-occidentales fueron las que llevaron la Revolución Islámica a la calle, con una gran mayoría de la población apoyando a Jomeini, pero no sin antes tenerla aterrorizada durante casi una década con su brutal policía secreta, la SAVAK. Así que no hay mucho que ver. Excepto alfombras, claro, piezas históricas de valor incalculable. Una de las cosas que definen su calidad es el número de nudos en una unidad de medida que equivale a unos 6 centímetros. 50-60 para una normalita, 80-90 para una buena, 120 para una excepcional. A la salida de uno de los palacios nos cruzamos con varias visitas de colegios de niñas. En Irán hay muy pocos turistas, nos ven casi como extraterrestres y se parten de risa.

 

También vemos el Museo del Agua. El motivo del viaje a Irán es una Conferencia Internacional de Hidráulica. Mucha gente me preguntó ¿en Irán???? Pues actualmente es uno de los países con más grandes presas en construcción (45), y además hace 7000 años los persas ya construían unas de las primeras estructuras hidráulicas de la Historia. Los Qanats, acueductos subterráneos para llevar el agua de las montañas a las ciudades datan de hace 3000 años y todavía funcionan. La UNESCO los ha declarado Patrimonio de la Humanidad. Irán tiene dos cadenas montañosas con alturas de más de 4000m y nieves perpetuas, las montañas Alborz en la base del mar Caspio y las Zagros, hacia la frontera con Irak y el golfo pérsico.

 

Teherán está en la base de las Alborz, desde la terraza de mi habitación puedo ver una montaña de 4000m nevada. A mediodía nos llevan a comer en donde se termina la ciudad y las calles, a un restaurante encajonado en una garganta con unas paredes rocosas impresionantes por donde solo se puede continuar en burro. ¿La comida? Sorprendentemente normal. Pincho moruno de pollo (chicken kebab), pero sin tantas especias como en Marruecos, y también de cordero, con arroz blanco y amarillo (Irán es uno de los mayores productores mundiales de azafrán). Ensaladas de lechuga, tomate, zanahoria rallada y pepinillo. Un yogur un poco ácido.

 

El aspecto de la ciudad desde el autobús es completamente normal, edificios modernos un poco descuidados, mucho tráfico, coches viejos y nuevos. Mucho colorido en los escaparates de las tiendas. Por la tarde unos compañeros de viaje insisten en ir a un bazar que acabamos de pasar. El guía flipa, pero accede. En el bazar no hay maravillas persas. Solo fruta, pescado, camisetas cutres, bombillas, pan. Es un mercado de barrio, me imagino a un turista alemán queriendo visitar el mercado de San Agustín. De vuelta en el hotel pongo la tele y están poniendo el Madrid-Barça. Hay que joderse. Cambio de canal y veo la versión iraní de 50 por 15.

 

Los dos días siguientes estoy liado en la Conferencia, solo salgo a cenar un día cerca del hotel con Kerstin, una chica Lonely Planet sueca. Es la única mujer extranjera en la conferencia y las iraníes la están tratando como una reina. Las chicas por la calle llevan las zapatillas puma tan de moda aquí, vaqueros, una especie de camisa que les tapa el culo, y el pañuelo en la cabeza, aunque bastante retirado para atrás. Pañuelos negros, de colores, de todos tipos. Las de la organización son encantadoras, hablan inglés bastante mejor que yo, y tratan de todos los temas sin problema. Política, religión, el pañuelo, y lo que haga falta. No parecen tener el más mínimo trauma por cubrirse más o menos la cabeza. La comida a mediodía en el mismo hotel es de nuevo muy parecida a la de aquí, muchas ensaladas, carne de varios tipos, arroz, patatas, y alguna salsa con especias usadas de forma muy comedida.

 

El miércoles hay una visita técnica a una presa por la mañana. Yo me escaqueo a patearme Teherán. La secretaria de la Conferencia flipa un poco, pero me da un mapa. Me dice que solo ha ido al Gran Bazar una vez en su vida, que prefiere comprar las verduras debajo de casa en vez de a 20 Km. Me dice también que el único riesgo que corro es el de perderme, y tiene razón, en todo momento me sentí seguro. Teherán es una ciudad desmesurada, con 14 millones de habitantes y unos 40 por 40 Km. de extensión. Desde el avión de noche impresiona. Tiene muchísimo tráfico, con más de 10,000 muertos al año y una contaminación horrible. Yo he tenido suerte porque los dos días anteriores ha llovido.

 

El hotel está en el norte, la mejor parte de la ciudad, y bajo andando por la avenida Valiasr, que parte Teherán en dos discurriendo hacia el sur. Bajo unos 20 Km. hacia el centro, donde están la plaza del Imán Jomeini y el Gran Bazar. La ciudad me sorprende por eso, porque es completamente normal. Edificios parecidos a los que se pueden encontrar en cualquier ciudad europea pero un poco descuidados, grandes avenidas, autopistas interiores, tiendas de barrio. La gente también es normal. Lo siento mucho por Charlton Heston, pero no tienen armas, ni siquiera en casa. La imágenes de la gente disparando al aire los Kalashnikov sorprenderían aquí tanto como en Coruña. No me encuentro ningún extranjero en 8 horas caminando. Los niños a veces se fijan en mi aspecto y se descojonan.

 

La plaza del imán Jomeini, otrora símbolo de la Revolución y lugar de expresión pública por excelencia, ahora solo es una plaza de donde salen muchas líneas de autobuses urbanos, llena de dársenas y marquesinas. El Gran Bazar ni es tan grande, ni se parece nada a aquellos de las mil y una noches. De nuevo lo que me encuentro es fruta, verduras, champú y bombillas. Los edificios son más viejos en esta manzana, parece un anacronismo dentro de la propia ciudad. A continuación me desplazo por otra de las avenidas principales, Enqelab, en dirección oeste unos 10 Km. hacia la Torre Azadi, uno de los edificios emblemáticos, construido por Pahlevi para celebrar el aniversario de una dinastía que se había inventado. Paso por la Universidad Central de Teherán, donde más del 60% son mujeres, pero sin tiempo para verla por dentro.

 

Después de 8 horas y 30 Km. sin perderme lo consigo finalmente al subirme en un taxi. El conductor está completamente trastornado, va a 140 por hora haciendo eses por las autopistas “i’m Michael Schumacher” y no tiene ni puta idea de donde está mi hotel. Al final le guío yo con el plano que me dieron. Pero como el precio lo negocié al subirme, perderme solo supone un retraso. Llego justo a tiempo de cambiarme para visitar el Instituto del Agua, de donde son nuestros anfitriones, con un laboratorio unas 40 veces más grande que el que tengo yo aquí en Coruña, que ya pensábamos que era grande. Nos dan una cena de gala con comida típica de allí, que podríamos preparar con cosas compradas en el Gadis de la esquina. Nos tratan como maharajás.

 

Segunda parte. Isfahan

 

Siento haberos decepcionado con Teherán, pero ya lo dicen las guías de viaje, no hay nada que ver, aparte de un par de museos como en cualquier ciudad. Ahora entiendo por qué el guía o la secretaria de la conferencia no entendían nuestra curiosidad. Pero a mí al menos me ha gustado conocerla, y saber que es un sitio civilizado, lleno de gente amable y culta, y sobre todo, muy normal. En un parque se me acerca un viejiño y en un inglés correctísimo me dice que mejor coja agua de la fuente del fondo, porque está fría.

 

Pero lo mejor estaba por llegar. A las 4 de la mañana del jueves volamos a Isfahan, a unos 400 Km. al sur de Teherán. Volamos con IranAir en un avión moderno, no un Yakolev como los que contratan a veces algunos. El aeropuerto no es muy grande, parece una estación de autobuses de las de aquí. Está a 30 Km. del centro y de camino vemos la extensión que tiene la ciudad. Tiene 1,700,000 habitantes y no se permite construir más de tres alturas, así que imaginaros.

 

Nos alojamos en dos hoteles, el Abbasi, quintaesencia del lujo asiático, y yo en el barato, que solo tiene 4 estrellas, el Ali-Qapou. El Abassi tiene un jardín impresionante para pasear y un buffet para desayunar con una variedad y calidad impresionantes. Desde allí nos llevan a ver sitios en bus, nuestra guía se llama Sharzad Korasanisadeh (Sherezade, la de las mil y una noches), nos da una tarjeta con su móvil por si nos pasa cualquier cosa.

 

Lo primero que vamos a ver es la mezquita Jame o Jome. Jame significa principal, en todas las ciudades hay una, y Jome viernes, el día de oración. Es una especie de juego de palabras. Tiene dos domos enfrentados y separados por un patio y las sucesivas ampliaciones desde el siglo XI al XVIII hacen que sea la mayor de Irán, con 30,000 m2. Los mosaicos son asombrosos. Miles de metros cuadrados hechos con piezas minúsculas perfectamente ordenadas.

 

Después de comer vamos a ver la otra maravilla de Isfahan, la plaza del Imán Jomeini, o simplemente plaza del Imán. Tiene unos 500 de largo por 160 de ancho y está cerrada por edificios de dos alturas con varias entradas porticadas. En un extremo está la mezquita del Imán y en el otro el Gran Bazar. En el medio están la mezquita Sheikh Lotfollah a un lado, y el palacio de Ali-Qapou. Fue construida más o menos en su aspecto actual por el primer Sha Abbas en el siglo XVII. Cualquiera de las cuatro partes sería por si misma una de las maravillas de la humanidad, pero la plaza en su conjunto realmente es impresionante. En el centro hay una gran fuente y al atardecer la plaza se llena de gente. Hay calesas dando vueltas a la plaza con niños y familias enteras. Las mezquitas no están alineadas con la plaza para apuntar a la Meca. El palacio tiene seis alturas y una gran terraza desde donde el Sha veía jugar partidos de una forma antigua de polo. El Gran Bazar si que tiene maravillas persas para comprar. Me llevo mantelerías para mi madre y mis hermanas y poco más, aparte de fotos. El escenario de la cena en el hotel Abassi de nuevo me lleva al tiempo de las Mil y una Noches (aunque éstas fuesen en Bagdad).

 

Al día siguiente vamos a ver el palacio de las 40 columnas (en realidad son 20 pero se reflejan en un estanque), construido por el segundo Sha Abbas, en el siglo XVII y con frescos con escenas tradicionales de batallas o recepciones en palacio. Después vemos dos de los puentes que cruzan el río Zayandeh, que recorre 350 Km. desde las montañas para morir en un desierto de sal. Son del siglo XVII, de unos 150m. de largo y tienen dos alturas, la superior es peatonal, y la inferior es una especie de galería comercial llena de puestos de comida y otras cosas. Es viernes, día festivo, y la gente pasea por el puente y por el río en patinetes parecidos a los de cualquier playa aquí. Visitamos templo armenio (cristiano) convertido en museo del holocausto al que fueron sometidos por los turcos en 1915 (1,500,000 muertos), y dos de los Zoroastros, la primera religión monoteísta del mundo, que está desapareciendo, uno en la cima de una montaña y otro en la ciudad.

 

No es fácil describir todo lo visto y vivido en dos días. Ni siquiera con fotos, aunque tengo 200 diapos  y unas 200 digitales. Tres aviones, 15 horas y más de 10 máquinas de RX después estoy de vuelta en Madrid. No me han perdido las maletas, pero deben estar completamente radiactivas.

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