Prohibir o educar. La responsabilidad de todos

Prohibir o educar. La responsabilidad de todos.

 

La reciente catástrofe del vertido del Prestige en nuestra costas produjo un fuerte, y en ocasiones agrio debate en nuestra sociedad y a menor escala, en nuestra Sociedad. Nuestro club, en el sentido amplio de la palabra, ofreció, con honrosas excepciones, una tímida respuesta que en mi opinión no es como para estar orgullosos ni mucho menos. Yo al menos no me siento orgulloso. Pero no es más que una opinión personal y en el fondo tengo una parecida de mi mismo, creo que podía haber hecho mucho más. Las cifras oficiales nos hablan de más de 270,000 “acciones voluntarias”. Esa es la unidad que las autoridades han elegido para designar el trabajo de limpieza de una persona en un día. Números.

 

Pero detrás de las cifras siempre hay cosas ocultas. Dramas personales. Mentiras oficiales. Opiniones encontradas. Y también algo importante y no menos grave. Ecologismo de fin de semana. Fotografías para enseñar el lunes en el trabajo. Las primeras veces que fui a limpiar pude ver escenas que me resultaron muy desconcertantes, aunque tal vez esa no sea la palabra. Personas tirando al suelo los envases en los que venía el material de seguridad para trabajar en las labores de limpieza. Grupos ensuciando el famoso mono blanco para salir mejor en las fotos. Entonces lo justifiqué pensando, por un lado, que eran una minoría, y por otro que dada la gravedad de la situación cualquier ayuda era bien recibida. Pero pasada la resaca de la parte más importante de las labores de limpieza podemos reflexionar un poco sobre lo pasado. Y mirar si en nuestra relación con las montañas podemos encontrar situaciones similares. La paja en el ojo ajeno.

 

Estamos de acuerdo en que es una responsabilidad de todos preservar el medio natural, pero ello se queda en la mayoría de los casos en ideas etéreas que no llegan a ningún lado. En los espacios con cualquier figura de protección –Parque Natural, Nacional, Reserva Natural- la tendencia actual es la restricción. Casi siempre los más afectados somos los que vamos a la montaña de forma continuada. Un ejemplo reciente lo hemos visto en la Pedriza o en Aigüestortes. Restringir el acceso es el método más sencillo, y sobre todo el más barato. Pero ¿es el mejor? No lo creo.

 

La forma más efectiva de llevar esto adelante debe ser necesariamente la educación. La educación ambiental en sentido amplio y en el sentido de las montañas, con todas sus particularidades. De acuerdo con la intervención del presidente de la FEDME (podéis encontrarla íntegra en www.desnivel.es) en el Senado con motivo del Año Internacional de las Montañas, debemos plantearnos si lo que hacemos es una mera actividad deportiva o un estilo de vivir y relacionarnos con el entorno. Yo a veces no lo tengo tan claro con lo que vemos por ahí. Su intervención me pareció muy reivindicativa, y me parece necesario, pero también creo que tenemos mucho que ofrecer. Quizás debíamos pensar que también nuestra responsabilidad es mayor. Individualmente, y del modo en que tenemos más fuerza, como grupo, como Sociedad de Montaña Ártabros, como Federaciones. La formación técnica en la montaña es algo tan absolutamente necesario, como absolutamente vacío si no va acompañado de una formación en valores.

 

Además en muchos casos la educación en valores a las generaciones que vienen por detrás es la única forma que tenemos de luchar contra la explotación comercial de las montañas. Tenemos un ejemplo muy claro en este mismo momento. ¿A alguien se le ocurre algo mejor para evitar la ampliación de la estación de esquí de Formigal? Esto hará que el valle de la Espelunciecha se pierda para siempre. El geógrafo y montañero Eduardo Martínez de Pisón ha iniciado una campaña personal para evitarlo, pero yo soy muy escéptico. Lo era antes de este annus horribilis. Ahora lo soy mucho más. Y cada vez estoy más convencido de que la solución pasa por intentar cambiar a las generaciones que han de venir. Sin dejar de lado al resto. La educación ambiental debe extenderse a todas las edades.

 

Un caso más cercano lo hemos vivido este verano. El grupo de senderismo que ascendió al pico Posets se sorprendió de encontrarse en el refugio Angel Orús unos servicios no esperados. Duchas en todas las habitaciones. Pero el aumento de las comodidades trae parejo el incremento del consumo de agua y de la emisión de agua residual. ¿Es eso sostenible? Llevamos todo el año escuchando la famosa palabra en los anuncios del Ministerio de Medio Ambiente. Sostenible. Una actividad lo es cuando no afecta al medio que la rodea. El medio natural tiene una capacidad limitada para recuperarse de los impactos que producimos, si no la superamos se regenerará, pero la emisión de agua residual con jabones y detergentes no es la mejor idea. ¿Es eso lo que demandamos? ¿Duchas de agua caliente en los refugios de alta montaña? ¿Comodidades de un hotel? Por lo que a mi respecta mi respuesta será no ir jamás a ese refugio ni a ningún otro con una gestión semejante de los residuos que produce. También trataré de extender esta práctica haciendo entender a la gente que es preferible oler mal, y por otro lado, que hay formas para evitar esto sin generar un impacto.

 

En cualquier caso un modo de cambiar las cosas no descarta los demás, son necesariamente complementarios. Educar es probablemente la mejor opción, pero no es la única. Mi lado práctico me llevó a las playas, pero mi lado idealista me llevó a las protestas, en donde en ocasiones me trataron como un delincuente. Aunque no sirvió para nada. Y tampoco debemos abandonar la idea de las prohibiciones. Pero con un cierto criterio. La idea que más me gusta de cuantas he oído sobre esto últimamente es también de Eduardo Martínez de Pisón. Es simple, la limitación o prohibición total del acceso rodado. A partir de ahí la montaña impone su ley. No siempre las zonas más sensibles son las más inaccesibles, pero es algo que habremos ganado. Y no siempre los que más lejos llegamos somos los más concienciados, pero el menos habrá un menor impacto.

 

Yo no fui voluntariamente a limpiar las playas. Para mi era una obligación. No podía quedarme en casa y ver en televisión las imágenes, por otro lado deformadas y manipuladas. Cada vez que las veía, y aún ahora, que las conservo por aquello de la memoria histórica, se mezclan demasiadas emociones en mi mente. Rabia, dolor, incluso ira. Querría pensar que el desastre del fuel del Prestige no ha sido en vano y que ha cambiado muchas conciencias, pero también es nuestra responsabilidad aprovechar el tirón para tratar de educar aún a más gente. A mi personalmente me gustaría al menos introducir el debate en nuestra Sociedad acerca de lo que podemos o no hacer en este asunto de la educación ambiental. Si no corremos el riesgo de terminar siendo también nosotros ecologistas de fin de semana. ¿Es eso lo que queremos? ¿Una agencia de viajes?

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Para pensar un poco. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s