Dos ciudades y muchos colores

Una de las cosas estupendas que tiene viajar es aprender cosas. Una que no sabía yo es que en Oporto, o como dicen allí Porto, no hay una ciudad, hay dos, separadas por el cauce del Douro, que no llega a 100 metros. Al norte del Douro está Porto (250,000hab), y al sur Vilanova de Gaia (170,000). En las oficinas de información te dan mapas excluyentes. En el de Porto simplemente no existe Gaia y viceversa. La gracia está además en que el Vinho do Porto se hace en Gaia, el aeropuerto de Porto está en Maia, y el puerto y las playas de Porto están en Matosinhos, que por supuesto tampoco existen en los mapas.

 

La ciudad doble es fantástica, eso supongo que no se lo descubro a nadie. Y una de las cosas más bonitas son los puentes que las unen. Curioso ¿no? Si administrativamente son dos ciudades, en realidad son muchas más. En lugar de la opción más turística de visitar las bodegas, vamos a Afurada, que recuerda al Nápoles de las películas de posguerra, con la ropa tendida por la calle, aunque esto también lo hacen en pleno casco histórico de Porto. Los niños asilvestrados jugando en el muelle con esas ratas con alas que quedan tan bien en los cuadros me hacen recordar a la gente que piensa que el exceso de higiene de la sociedad occidental es el origen de muchas enfermedades de las llamadas autoinmunes.

 

Cruzando a la Foz del Douro en el barco de línea estamos de nuevo en la otra orilla. Hay un circuito montado para el Gran Premio Histórico de Porto y 1,500 coches, algunos muy curiosos, dando vueltas con gente disfrazada haciendo el payaso. Estamos en Le Mans en los años 20.

 

Por la noche, después de cenar en la terraza de Umha Vella Tinha un Gato en el Cais da Ribeira (muy recomendable) subimos un momento a la pensao y por el camino oímos música muy alta. Hay un concierto en un mercado rehabilitado. Padentro. Una vez allí descubrimos que es una conmemoración por el 30 aniversario de la independencia de Cabo Verde. El que canta es de allí. Los que bailan también. Y el público. Todos de raza negra, claro. Somos el BLANCO de todas las miradas. Es una sensación curiosa, también se la recomiendo a cualquiera para pensar un poco. Ningún problema. Unas risas, una fiesta fantástica, una caipirinha de cachaça de lujo. Unas chicas impresionantes. Además de nosotros hay un tío de traje que debe estar en representación del ayuntamiento o algo así. Más allá de la raza, creo que está dudando es si esas chicas son de la misma especie que su mujer gorda, fea y ordinaria. Mucho mejor, sin duda, que todas las petardas ruidosas británicas que había en la Ribeira.

 

Muchas cosas por ver. Habrá que volver.

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