La importancia del método

Si hay algo claro hoy en día en el mundo de la fotografía es que la evolución de la tecnología de las cámaras digitales está terminando por si misma con la discusión acerca de las ventajas de la película fotoquímica frente al nuevo sistema. Además el proceso va más rápido de lo esperado y así tenemos que Nikon ya no fabrica cámaras compactas analógicas, y Kodak ha dejado de producir negativo en Europa Occidental. Las diapositivas resisten, pero no será por mucho tiempo.

 

Galen Rowell (1940-2002) ha sido, junto con Ansel Adams, uno de los mejores fotógrafos de la naturaleza, y en particular de las montañas, de todos los tiempos. A finales de la década de los 60 comenzó a usar en sus expediciones una cámara réflex de 35mm, cuando sus sorprendidos colegas utilizaban equipos de medio y gran formato, del tipo del que usan los fotógrafos de estudio. En su muy recomendable libro ‘Luces de Montaña’ escribe que se dio cuenta de que la única diferencia con ellos era esa, el formato. Al igual que otros profesionales estudiaba -más allá de medir- la luz, elegía el momento adecuado del día, el ángulo de la toma, la distancia focal y los ajustes de diafragma y velocidad de disparo, y cualquier pequeño detalle, tanto técnico como creativo. Eso le acercaba mucho más a los usuarios del medio y gran formato que a sus contemporáneos de las réflex de 35mm que en su gran mayoría la usaban como una ‘point and shoot’: apunta y dispara. Es cierto que con un negativo de 35mm se puede hacer una ampliación menor que con uno de 60, pero la diferencia fundamental nunca está ahí. Más allá de eso, él era capaz de llegar más lejos con su réflex, incluidas varias expediciones al Himalaya y a los polos, o bien escalar la pared de Half Dome en Yosemite, algo impensable con un conjunto cámara-trípode por encima de diez kilos.

 

Con el paso de la película fotoquímica al sensor digital, ya sea CCD, CMOS o como quiera que se llame, la discusión no ha cambiado. Los modernos sensores son capaces de reflejar colores naturales e incluso exageradamente saturados tal y como puede hacerse con un carrete de Fujichrome Velvia 50. La diferencia fundamental sigue siendo el método para hacer fotografías, y si estamos dispuestos a tomarnos nuestro tiempo, primero en aprender a usar una cámara más allá del ‘point and shoot’, y después en el proceso de hacer cualquier foto. Los únicos conocimientos que no se emplean son los que no se tienen, y después de aprender un poco de técnica y composición fotográficas, incluso las imágenes tomadas a toda prisa suelen ser mejores. La diferencia fundamental, según Rowell, está en la motivación para hacer una fotografía, para hacer cada fotografía. Los principios de la óptica física y de la composición artística ni han cambiado ni lo harán cualquiera que sea la evolución futura del arte de tomar imágenes. Sin embargo los fotómetros matriciales hacen mucho más sencillo el trabajo más allá del sistema de zonas de Ansel Adams, los modernos autofoco ahorran tiempo y permiten enfocar objetos en movimiento, y los flashes inteligentes ahorran unos cálculos a veces muy pesados.

 

Los editores importantes, como National Geographic, publican sus fotografías con una definición de 300 puntos por pulgada de papel. Si hacemos la cuenta para atrás, una sencilla cámara de 2 megapíxels nos da esa resolución en el formato de 10×15 centímetros, el más usado. Si sólo las vamos a ver en la pantalla del ordenador sucede lo mismo, sobran píxeles por todos lados. Por algo más de dinero, unos 200 euros, podemos tener una cámara de 5 megapíxels con un control manual absoluto de todos los parámetros, y capaz llegar casi a tamaño folio en esa definición. Evidentemente la calidad de la óptica no será la de una cámara profesional de varios miles de euros, pero los detalles que diferencian el resultado no son siempre fácilmente apreciables.

 

La ventaja añadida del sistema digital es que podemos hacer miles de fotos sin sobrecoste, algo muy importante cuando uno está aprendiendo. La mejor forma de mejorar nuestras fotografías es hacer muchas, y compararlas con las que hacen otros,  en particular y por ejemplo con revistas como National Geographic, Geo o Natura. En muchos casos además publican los detalles técnicos de la fotografía como el objetivo empleado y los ajustes. Los detalles de las nuestras están incluidos en el archivo digital. Una desventaja, muy importante y raramente apreciada en su extensión, es la tortura a la que a veces sometemos a los cercanos enseñándoles cientos y a veces miles de fotos.

 

En la red se pueden encontrar varios cursos de fotografía muy interesantes, tanto para empezar como para aficionados avanzados. Las casas de equipos fotográficos como Nikon y Canon, y las de película como Kodak o Fuji tienen cursos y foros de discusión en los que se puede aprender desde cosas sencillas y muy básicas como la regla de los tercios, hasta otras muy avanzadas como el fallo de reciprocidad de las películas. Así que solo queda animaros a todos a aprender y disfrutar de una afición cada día más accesible a todos los bolsillos y muy gratificante.

 

 

 

 

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