Las galletas de Baldaio

(contenido enlatado)

Sábado, 1 de febrero de 2003

El niño de “El sexto sentido” en ocasiones veía muertos, yo – lo reconozco- en ocasiones tomo copas, aún no es ilegal. Hay 130 conciertos en toda Galicia organizados por Nunca Máis dentro de sus actividades terroristas antisistema. Elegimos el del Patachín, yo me retiraré pronto para ir mañana a la playa. Eso es lo que se dice siempre ¿no?.

Domingo, 2 de febrero

Me levanto a las 7:30 después de haber dormido una hora, y todavía haciendo la destilación, que no digestión, tiramos hacia Caión un grupo de 5 personas, afortunadamente para ellos y para mi no conduzco. Allí está el centro de organización de toda la zona, y no hay problemas para ir espontáneamente sin avisar. En la oficina nos toman los datos para el seguro y en el garaje que hace de almacén de material improvisado nos dan el material, con una novedad: como hace buen día y no vamos a llegar al borde del mar no vamos a usar botas, sino una especie de calcetines grandes o cubre zapatos del mismo material que el traje blanco. Después comprobaremos que es realmente más cómodo que andar con botas.

Sobre las 9:30 estamos en la playa, nos acompaña una chica de Tragsa bastante amable que nos da el material. Aquí no hay protocolo, hoy solo hay galletas, de modo que no es fácil que se extienda la contaminación. Lo único que nos dice es que procuremos clasificar los residuos (separar el fuel de los restos contaminados y de los no contaminados) y sacarlo lo más puro posible, con poca arena. Tampoco hay zona de descontaminación, no nos vamos a manchar mucho, nos vestimos en la caseta de los vigilantes de la playa. No hay reparto por grupos tampoco, la chica de Tragsa nos hace de manos limpias y nos ayuda a cargar los capazos hasta el contenedor.

Para recoger las galletas nos dice que hagamos como queramos, que hay quien prefiere hacerlo con un rastrillo, quien prefiere la paleta, quien prefiere la mano… De puro aburrimiento probamos todos los métodos, pero siempre acabamos tirados en el suelo. Hay galletas desde 1 centímetro hasta unos 10 ó 12. Están más o menos concentradas en las sucesivas líneas de pleamar. Entre las galletas encontramos muchas plumas petroleadas.

Este fin de semana hay mareas muertas, de modo que empezamos limpiando casi con la bajamar y cuando nos vamos la línea de pleamar está todavía lejos de nosotros. Esta zona es una buena alternativa a otros sitios en donde se depende más de la marea.

Cuando vamos a descargar el primer capazo encontramos en el contenedor gran cantidad de fuel medio líquido, no en galletas. Es el que entró el jueves, con el temporal de viento del norte, una mancha de alrededor de 2 toneladas, por lo que nos dice la chica de Tragsa. Ese día, al igual que casi toda la semana sólo había una persona limpiando. Mario es el padre de un compañero del club de montaña, está jubilado y lleva viniendo casi a diario desde hace semanas. La mancha del jueves la sacaron entre él y la chica de Tragsa.

Como no nos manchamos mucho podemos parar para comer algo en mitad de la limpieza, nos quitamos los guantes, nos bajamos a la cintura el traje blanco y damos buena cuenta de un bocadillo de lomo caliente por gentileza del ministerio de medio ambiente (lo sé, es todo con mayúsculas, pero no me merecen ese respeto), y sobre todo líquidos, muchos líquidos, la noche fue dura. También podemos aprovechar para ir al baño, todo un lujo que no se puede permitir uno limpiando en otros sitios peores.

Por la mañana sólo estamos 5 en toda la playa, y sobre las 12 aparecen 4 personas de un grupo ecologista. Nos hacen preguntas, dicen que están haciendo un informe, aunque no deja de parecerme curiosa la proporción. 5 limpiando, 4 para hace un informe. Preguntan por Tragsa, pero aquí al menos no se puede hablar mal de ellos, todo son facilidades, colaboración y amabilidad. Muy diferente de lo que vi en Carnota.

Sobre las 4 de la tarde decidimos marcharnos, un cálculo rápido es que hemos sacado sobre 150 kilos, no parece mucho, pero la zon que nos asignaron, entre la salida de la marisma de Baldaio y el extremo este de la playa parece limpia, nos hemos llevado casi todas las galletas de la superficie. 5 personas hemos limpiado entre 150 y 200 metros de una playa muy ancha. Además aquí entre la arena por muchos sitios hay rocas, de modo que no es posible meter una máquina cribadora, de las que se llevan a hasta las piedras. La marea está terminando de subir y viene con más. Como todos los días, unas veces más y otras menos. Como decía en Muxía un marinero hace unas semanas, esto es como la lotería, a alguien le va a tocar el gordo, a alguien el segundo y a alguien el reintegro. Pero está ahí y terminará en alguna parte de la costa, seguro. Ahora toca labor de información, para que la gente que se queja de que no le dejan ir a limpiar sepa a donde ir si quiere.

Nos quitamos los trajes en la caseta de nuevo y cuando nos vamos a ir la chica de Tragsa nos da las gracias y nos dice que han llamado de la oficina que está en Caión. La próxima vez que queramos venir es mejor llamar antes al teléfono de la Xunta 900 400 800, simplemente para avisar que vamos y que tengan preparada comida para todos, a veces no llega y a veces la tiran.

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